Tres memorias, un río y una esperanza para el futuro
Por Lourdes Venegas Solís* El pasado jueves 26 de febrero participé en la conferencia El aporte de la memoria en la construcción de una historia ecológica, impartida por Ramón Vera-Herrera, de México, editor, traductor y narrador. Fue un espacio que percibí íntimo y cargado de emocionalidad, del cual surge la reflexión que comparto a continuación. Mi padre creció con el privilegio de seguir parte del curso del río Alajuela, jugando entre las piedras y pescando junto a sus primos y vecinos. Lo recorrían descalzos desde San José de Alajuela hasta Turrúcares, sus memorias hablan de agua limpia y peces grandes. Mi padre hoy tiene 71 años. Mi madre creció también cerca del río Alajuela, en el sector de La Garita, en un lugar cercano al Aeropuerto Nacional Juan Santamaria. Ella recuerda jugar recogiendo cucharas y pequeños platos plásticos que llegaban con nombres de aerolíneas de la época. En sus memorias el río aún tenía agua limpia, aunque ya aparecían algunos desechos y no era un lugar donde pudieran bañarse. Mi madre tiene hoy 61 años. Yo crecí en la década de los noventa, también cerca del río, en el sector de San José de Alajuela. Sin embargo, no tengo recuerdos de juegos en sus orillas, para mí siempre fue un lugar peligroso, sus aguas eran oscuras, tenían un olor desagradable y parecían estar muertas. Somos tres personas que hemos...
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